miércoles, 1 de abril de 2015

El caso Shell, una coyuntura crítica para repensar la organización


Apartes de "Coyunturas evolutivas de la organización" Primera parte del ensayo:

"DE LA ORGANIZACIÓN MÁQUINA A LA ORGANIZACIÓN VIVIENTE 
Un ciclo evolutivo de la fragmentación a la integración" 

© 2015, Juan Sebastián Cárdenas Salas

[Versión Castellano]

De la Organización Máquina a la Organización Viviente
Jscinteractivo.com




2. Entendimiento de la organización 
como sistema social viviente


El caso Shell, una coyuntura crítica para repensar la organización

Las crisis de la energía afrontadas por el planeta en el transcurso de los años 70 significaron un reto para la industria de explotación de crudo[1]. En este contexto, a inicios de los años 80 muchas de las grandes compañías del sector petrolero vieron la imprescindible necesidad de diversificar su oferta recurriendo a otros espacios con el fin de sobrevivir al impacto causado por las problemáticas socioeconómicas de dicha recesión.

Una de las corporaciones envueltas en el proceso de cambio fue la gigante anglo-holandesa Royal Dutch/Shell Company (mejor conocida como Shell) que para esa época tenía una existencia de petróleo suficiente para subsistir en los siguientes treinta o cuarenta años (de Geus, 2002). Pese a esto, la dirección de la compañía no conforme con tal panorama se hizo algunas preguntas relevantes con el fin de visualizar futuros escenarios (de Geus, 2002, Heijden, 2005) en los que podrían evolucionar como organización: ¿Es posible la vida sin combustible?, ¿a qué otros negocios podrían apostarle de manera razonable?, ¿cómo podrían transformarse esos nuevos negocios en el eje de la compañía?, ¿qué efectos tendría este cambio en la organización entera?

Consecuentemente, la Compañía inició una investigación liderada por Arie de Geus, quién era el director global de planeación de la Shell en ese entonces. La investigación en principio giró en torno al análisis de portafolios de servicios de otras compañías, pero muy rápido se dieron cuenta de su equivocación puesto que muchas de las empresas incluidas en la muestra no podían compararse con el tamaño de esta corporación en sus diferentes niveles. De manera que el enfoque del estudio tomó un nuevo rumbo hacia el análisis de organizaciones prominentes en diferentes sectores pero con la particular característica de ser más veteranas que la Shell y conservar su identidad impecable hasta esos días. Siguiendo tal consigna se reconocieron 40 organizaciones de las cuales 27 fueron analizadas en detalle, basados en historias de éxito y reportes académicos primordialmente (de Geus, 2002)[2]. Así, luego de hacer la respectiva exploración, de Geus (2002) y su grupo identificaron cuatro patrones comunes ostentados por las organizaciones longevas: sentido de medio ambiente, cohesión con un fuerte sentido de identidad, tolerancia y una administración austera de sus finanzas.

Según de Geus (2002) no les llevó mucho tiempo identificar los factores que se quedaron fuera de la lista. Uno importante fue darse cuenta que el retorno de la inversión a los accionistas parecía no tener nada que ver con la longevidad de las empresas:

“la rentabilidad de una compañía fue un síntoma de salud corporativa, pero no un pronóstico o determinante del bienestar corporativo.” (de Geus, 2002:7). 

Por consiguiente, otro de los hallazgos más significativos que dejó el proceso de investigación inicial basado en identificar fechas de nacimiento y defunción, es que el promedio de vida de muchas de las corporaciones que hasta ese entonces habían figurado en el top 500 de la revista Fortune[3] era entre 40 y 50 años (de Geus, 2002), es decir, una expectativa de vida menor a la de un ser humano. El estudio también evidenció cómo la gran mayoría de las organizaciones morían de manera prematura, o en otras palabras, demostró la gran mortalidad infantil sufrida por las compañías. Claro síntoma de la extinción reiterada de estos sistemas sociales en los diferentes campos que habitan.

¿A qué se debe este factor? De acuerdo con de Geus (2002), y en relación directa con las conclusiones arrojadas por tan relevante análisis, hay certezas que vinculan tal efecto mortal al paradigma del lenguaje económico tradicional que ha gobernado la idea de la organización. Esencialmente desde el boom de la Revolución Industrial que tuvo un efecto decisivo sobre las instancias políticas y sociales de la educación, la legislación, y la comunidad financiera en general (de Geus, 2002). Por ello y de acuerdo con ese antecedente una de las conclusiones decisivas identificadas por Arie de Geus y el grupo a su cargo es que:

“las compañías mueren cuando sus dirigentes están sesgados por la actividad económica de manufacturar productos y servicios, olvidando que la verdadera naturaleza de sus organizaciones es la de una comunidad compuesta por seres humanos.” (de Geus, 2002:3)

A pesar de su aparente obviedad esa declaración sintetiza de manera precisa algunos de los criterios nada sencillos que diferencian a una corporación constituida como máquina de una corporación concebida como ser viviente. La primera es dominada por el pensamiento del homo economicus mientras que la segunda es concebida por el homo sapiens que reconoce el capital humano como la substancia esencial de la organización.

Sin desconocer que la Shell ha afrontado graves señalamientos de toda índole[4], especialmente por el impacto negativo generado en los variados ecosistemas donde reside –preocupante problema de la gran mayoría de las compañías explotadoras de petróleo-, mi intención al exponer este caso es demostrar que las inquietudes surgidas en el cerebro de esta compañía a causa de una determinada coyuntura crítica le permitieron repensarse, evolucionar y mantenerse hasta el día de hoy como una de las líderes en su sector.

[…]

___________________________
[1] En la actualidad estamos viviendo algo similar. 

[2] Varias de ellas con más de 200 años, y de hecho algunas como la compañía sueca Stora con más de 700 años de evolución (de Geus, 2002). 

[3] Un tercio de las compañías que aparecieron en el top 500 de esta revista en 1970, ya habían muerto, se habían fusionado con otras, o segmentado para 1983 (de Geus, 2002). 

[4] En Nigeria se ha visto inmiscuida en severos señalamientos no solo en lo que respecta al grave daño ambiental sino a muchas otras irregularidades relacionadas con el abuso de poder (Pigrau, 2013). He aquí un cuestionamiento y aclaración importante ¿Puede una empresa moverse entre el comportamiento mecanicista y reflexivo? lógicamente sí, considerando que una de las grandes similitudes entre sistema social y ser humano es la ambivalencia. Es inevitable separarnos de la máquina porque al fin y al cabo somos máquinas orgánicas expuestas al control de diferentes estímulos del entorno. Hacemos la diferencia cuando tenemos la capacidad de identificar ese control y decidir.


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El individuo como sistema


Apartes de "Coyunturas evolutivas de la organización" Primera parte del ensayo:

"DE LA ORGANIZACIÓN MÁQUINA A LA ORGANIZACIÓN VIVIENTE 
Un ciclo evolutivo de la fragmentación a la integración" 

© 2015, Juan Sebastián Cárdenas Salas

[Versión Castellano]

De la Organización Máquina a la Organización Viviente
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2. Entendimiento de la organización 
como sistema social viviente


El individuo como sistema

Un acertado punto de partida para reconocer a las organizaciones como seres vivos es empezar a entendernos nosotros mismos como sistema. Si bien sabemos que nuestra estructura orgánica es el resultado de la interacción de seres microscópicos -gracias a lo aprendido en clase de biología- las prioridades de nuestra vida mecánica (“perder tiempo es perder dinero”) relegan a un plano inferior esta realidad. Es más, los micro-relacionamientos que afectan nuestra estructura física y ordenan la actividad molecular, los cuales configuran las células que a su vez conforman los diferentes órganos y tecnologías que nos moldean, implican un proceso sistémico de una complejidad e inteligencia extraordinarias donde se presentan situaciones muy similares a las experimentadas en nuestra vida humana.

Son varios los investigadores que han puesto en evidencia tales conductas o funciones psicofísicas micro-orgánicas. El prominente físico Erwin Schrödinger (1944) hizo un interesante análisis sobre el comportamiento de los átomos y su influencia en los subsecuentes procesos al descubrir que el relacionamiento de tales seres envuelve, aparte de una buena comunicación, suficientes y precisas leyes físicas cuyo fin es afianzar su maravillosa y organizada forma de trabajar. Para el filósofo David Chalmers (Jul., 2014) cada especie y sistema viviente posee conciencia, incluyendo las partículas elementales como el protón que conforman los átomos que dan vida a las moléculas. El biólogo y genetista evolutivo Moto Kimura (1989) enfatizó que la clave de la evolución de los seres vivos comienza en la interacción molecular con implicaciones más allá de la selección natural propuesta por Darwin y donde el azar apreciado en tales relacionamientos es una clara analogía de nuestro diario vivir. En concordancia, para los biólogos Maturana y Varela (1984, 1994), los seres vivos somos sistemas autopoiéticos moleculares, es decir, nuestra condición molecular es determinante del dominio relacional en nosotros como individuos o unidades compuestas (Maturana y Varela, 1994). Consecuentemente, de Geus (2002) resalta cómo varios resultados científicos -destacando precisamente los realizados por Maturana y Varela (1984, 1994)-, han demostrado que las células son organizaciones o sistemas compuestos por entidades colectivas con una misión específica, semejante a las empresas (de Geus, 2002). En conexión, la bióloga molecular Bonnie Bassler (Feb., 2009) comenta que “hay alrededor de un trillón de células humanas las cuales hacen que cada uno de nosotros sea quién es y seamos capaces de hacer todas las cosas que hacemos”. 

Capra (1997) exalta cómo la bacteria[1], “el sistema viviente más básico”, desarrolla en su diario vivir miles de reacciones químicas interdependientes que permiten su relacionamiento. En efecto, según Bassler (Feb., 2009), las bacterias, también la especie más antigua (billones de años), numerosa y preponderante del planeta, poseen rasgos de comportamiento asombrosamente parecidos a los nuestros cumpliendo funciones esenciales para mantenernos vivos o para de igual modo terminar con nuestra existencia (gran similitud)[2]. La bióloga expone cómo al estudiar esta especie de organismos sociales han descubierto su cualidad multilingüe, es decir, -en relación a lo argumentado por Capra-conversan entre ellos a través de lo que para nosotros los mortales son múltiples señales químicas (lenguajes). Tienen la capacidad de reconocerse (yo), reconocer al otro (él, tú) y reconocer su entorno (ello, esto). Además, “las bacterias hacen las reglas de cómo una organización multicelular trabaja” (Bassler, Feb., 2009), o en otras palabras, el éxito de su trabajo se basa en la acción colectiva o pensamiento sistémico conforme lo define Senge (2006) en el caso de los humanos integrantes de las corporaciones. 

De hecho, definir el lenguaje humano desde una posición netamente científica no tiene mucha diferencia de las “señales químicas” descritas por Capra (1997) y por Bassler (2014) para referirse al lenguaje de las bacterias. En este sentido el biólogo evolucionista Mark Pagel (Jul., 2011) afirma que el lenguaje es una expresión de nuestros genes soportada en una tecnología neuro-auditiva relativamente nueva -entre 150.000 y 80.000 años aproximadamente según McWhorter (Feb., 2013)- cuya función permite conectarnos mediante pulsos de sonido para implantar pensamientos que emergen en nuestra mente en la mente de alguien más. De este modo tal tecnología social adaptada al homo sapiens ha afianzado el pensamiento colectivo en donde, de acuerdo con Pagel (Jul., 2011), surgió la poderosa herramienta de la cooperación. Aspecto fundamental para el desarrollo, aprendizaje, crecimiento y evolución de cualquier sistema social.

En complemento, el ecólogo microbiano Rob Knight (Feb., 2014) subraya cómo cada uno de nosotros puede albergar más de 100 trillones de células microbianas (todas las bacterias son microbios pero no todos los microbios son bacterias), una cantidad contenedora de los 10 trillones de células bacterianas y que supera ostensiblemente al trillón de células humanas que nos configuran (Bassler, Feb., 2009, Knight, Feb., 2014). De acuerdo con Knight (Feb., 2014) y en relación con lo ya expuesto por Bassler (Feb., 2009), los microbios, desarrollan cantidad de importantes funciones e influencias sobre nosotros. Uno de los atributos básicos es influir por ejemplo en nuestro comportamiento y estado de ánimo. Pero como él mismo resalta, lo más impresionante de estos microorganismos es que incluso pueden ser más benéficos o mortales sobre algunas cuestiones relacionadas con nuestra salud que cada uno de los genes componentes del genoma humano:

“Ahora, usted podría pensar, bueno, somos humanos gracias a nuestro ADN, pero resulta que cada uno de nosotros posee cerca de 20.000 genes humanos […], pero nada menos que de 2 a 20 millones de genes microbianos.” (Knight, Feb. 2014)

¿Qué hace entonces tan complejo entender nuestra propia estructura sistémica y ver que otras expresiones de vida inteligente -diferentes y superiores a la nuestra- al configurarse en el imaginario colectivo y hacerse tangibles toman vida propia e interdependiente? De acuerdo con Peter Senge (Prefacio, de Geus, 2002) los modelos mentales introducidos en diferentes niveles han dificultado nuestra observación sobre fenómenos de este tipo de una forma diferente a lo que la educación tradicional nos ha inculcado. Si no somos conscientes de las muchas expresiones y niveles de vida inteligente que se desarrollan en nuestra propia estructura biológica mucho menos vamos a entender que las familias, las compañías, o las mismas sociedades son otra especie de seres con funciones aún más complejas (Schrödinger, 1944, Bertalanfy, 1968, Engel, 1977, Luhmann, 1992, Capra, 1997, de Geus, 2002, Senge, et al., 2004). Una de las particularidades notables de la organización es que puede permanecer sobre la faz de la tierra mucho más tiempo que el promedio de vida del hombre. Lastimosamente, la gran mayoría de estos seres muere de manera prematura con una alta tasa de mortalidad infantil (de Geus, 2002) la cual en muchos casos ni siquiera les permite llegar a los 10 años de vida. 

Pero tal vez la prueba más contundente para demostrar el impacto de las organizaciones como especie es que ellas se han convertido -en especial desde el siglo XX (de Geus, 2002, citado por Senge et al., 2004)- en los seres más influyentes del planeta. Aparte de ser quienes determinan el desarrollo tecnológico, económico y político del mundo contemporáneo, dichos organismos también están afectando la vida de casi la totalidad de las demás especies:

“Históricamente, no ha habido individuo, tribu, o incluso nación que tuviera la oportunidad de alterar el clima, destruir miles de especies, o cambiar el balance químico de la atmósfera tal como lo han hecho las corporaciones […] nuestras acciones como individuos son meditadas y establecidas a través de las crecientes redes que generan las instituciones globales.” (Senge, et al., 2004: 7)

[...]Una sencilla invitación, es que en aquellos momentos fuera de las rutinas cotidianas intentemos destinar algún tiempo a la observación, escucha, meditación y vivencia del universo que somos. Ejercicio que a la vez facilitará observar, escuchar, pensar y experimentar los rasgos biopsicosociales de los entes superiores que integramos.

[…] 

____________________________
[1] “las bacterias son seres microscópicos conformados por una sola célula […] que poseen la especial propiedad de tener solo una pieza de ADN” (Bassler, Feb., 2009)

[2] Virus como el Ébola que son causados por bacterias pueden equipararse con lo que para nosotros son las guerras o conflictos terroristas que incentivan genocidio, tergiversan ideologías, desestabilizan sociedades, destruyen territorios y patrimonio cultural de la humanidad.

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Los imperios, antepasados de las organizaciones


Apartes de "Coyunturas evolutivas de la organización" Primera parte del ensayo:

"DE LA ORGANIZACIÓN MÁQUINA A LA ORGANIZACIÓN VIVIENTE 
Un ciclo evolutivo de la fragmentación a la integración" 

© 2015, Juan Sebastián Cárdenas Salas

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1. Evolución histórica de la organización


Los imperios, antepasados de las organizaciones

De acuerdo con Burbank y Cooper (2011), durante gran parte de nuestra historia miles de años atrás, las interacciones de los imperios (del latín Imperium que significa organización) cimentaron el entorno en el que las diferentes poblaciones contemplaron sus posibilidades políticas, materializaron sus ambiciones e idearon sociedades en las que se formaron estados y naciones que concibieron al ser más influyente del planeta: la organización.

La actitud más sobresaliente de los imperios fue su sed por la expansión y dominio que era saciada con la conquista de territorios a través de la violencia primordialmente. Rasgo adquirido por muchas organizaciones sociopolíticas en diferentes naciones. No obstante, cuando estas conquistas eran rentables -por la riqueza de sus tierras y el capital humano que en ellas habitaban-, algunos de ellos cedían ante la multiplicidad cultural de los recién adheridos logrando en este proceso importantes beneficios y modos de gobierno (Burbank y Cooper, 2011).

Estas formas de movilización y control de los recursos humanos fueron coyunturas que de igual forma tuvieron mucho que ver con la manera en la que posteriormente se configuraron las sociedades de los diferentes estados y naciones, puesto que algunos de ellos eligieron la inclusión, la recompensa y la repartición equitativa de poder, mientras que otros optaron por la extracción, la explotación, y la concentración de poder (Burbank y Cooper, 2011, Acemoglu y Robinson, 2011, Piketty, 2013), o en otras palabras, por la fragmentación.[…] En consecuencia, hombres y mujeres laboraron en “empresas concebidas para sostener economías imperiales” conformando redes de trabajo cuyo objetivo primordial era nutrir las “relaciones públicas” de los imperios y así su poderío o su supervivencia en un entorno donde las amenazas por parte de los diferentes rivales imperiales eran reiteradas (Burbank y Cooper, 2011).

[…]

Los modelos imperiales de Roma y China aunque no fueron los primeros[1], conforme lo exponen Burbank y Cooper (2011), tienen gran relevancia debido a que influyeron durante un largo periodo el desarrollo de imperios posteriores que han moldeado nuestra contemporaneidad. Ambos lograron gran expansión territorial permitiendo así una vasta integración comercial y productiva que potenció una economía de escala mundial consistente, idearon organizaciones en las que se fundó el poder del Estado por siglos, y establecieron un fuerte legado cultural e histórico que se esparció por el mundo entero.

[…]

________________________
[1] [...]

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Una contribución a la evolución de la organización como especie


Apartes de la Introducción del ensayo:

"DE LA ORGANIZACIÓN MÁQUINA A LA ORGANIZACIÓN VIVIENTE 
Un ciclo evolutivo de la fragmentación a la integración" 

© 2015, Juan Sebastián Cárdenas Salas

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“No existe aseveración más sublime que el hombre pueda hacer que la de decir: ‘Obraré de acuerdo con mi conciencia’”.

Erich Fromm



Organizatio Sapiens y Organizatio Machina


Al igual que los seres humanos y otras especies del planeta la organización también ha experimentado ciclos evolutivos. Para cualquiera que haya sido nuestro antepasado directo[1], la transformación a homo sapiens (“hombre sabio”) implicó un lapso de tiempo considerable en el cual se desataron cambios a nivel molecular, celular y morfológico. La expansión cerebral, el principal rasgo, impulsó procesos cognitivos complejos dando paso al lenguaje entre otros atributos que consolidaron nuestras habilidades sociales y facilitaron el desarrollo de la organizatio sapiens. No obstante, esas mismas capacidades mentales potenciaron la transmisión de creencias y hábitos que nos han alejado cada vez más de la esencial sapiencia para acercarnos de manera vertiginosa a la real ignorancia[2].

Fromm (1953) asevera:

"El hombre moderno [...] se siente inquieto y cada vez más perplejo. Trabaja y lucha, pero es vagamente consciente de un sentimiento de futilidad con respecto a sus actividades. Mientras se acrecienta su poder sobre la materia se siente impotente en su vida individual y en la sociedad. Conforme ha ido creando nuevos y mejores medios para dominar a la naturaleza se ha ido enredando en las mallas de esos medios y ha perdido la visión del único fin que les da significado: el hombre mismo. Ha llegado a ser el amo de la naturaleza y al mismo tiempo se ha transformado en el esclavo de la máquina que construyó con su propia mano. A pesar de todos sus conocimientos acerca de la naturaleza, permanece ignorante en cuanto a los problemas más importantes y fundamentales de la existencia humana: lo que el hombre es, cómo debe vivir y cómo liberar las tremendas energías que existen dentro de él y usarlas productivamente." (Fromm, 1953:16)

En concordancia Morin (1998) expone:

“Hemos adquirido conocimientos sin precedentes sobre el mundo físico, biológico, psicológico, sociológico. La ciencia ha hecho reinar, cada vez más, a los métodos de verificación empírica y lógica. Mitos y tinieblas parecen ser rechazados a los bajos fondos del espíritu por las luces de la Razón. Y, sin embargo, el error, la ignorancia, la ceguera, progresan, por todas partes, al mismo tiempo que nuestros conocimientos.” (Morin, 1998: 27).

El filósofo Daniel N. Robinson (2002) argumenta que para reconocer al hombre como animal pensante es fundamental preguntarse cuál es el fin de las facultades racionales que lo determinan[3]. Buscando dar una respuesta, este resalta la visión sistémica instaurada por Aristóteles (1985)[4] en el campo de la psicología[5] donde cobran sentido tales destrezas con base en las dimensiones biológicas, sociales y políticas en las cuales nos encontramos adscritos como especie. Partiendo de dicha posición el gran filósofo ateniense enfatizó que las capacidades mentales del homo sapiens “deben emplearse en servicio de asegurar una vida plena, una vida de felicidad” (Robinson, 2002:21), es decir, bajo el concepto de eudaimonía[6] (ARISTÓTELES, 1985) que ubica a la virtud como centro de la razón para legitimar la plenitud del ser “en el profundo y perdurable placer de una vida racionalmente vivida” (Robinson, 2002:21). Plenitud que según Fromm (1953) -evocando la memoria colectiva de la Ética Humanista- no puede darse fuera de la integración: “el hombre encuentra su felicidad y la realización plena de sus facultades únicamente en relación y solidaridad con sus semejantes.” (Fromm, 1953:25). Sin embargo, esas concepciones filosóficas integradoras promovidas por hombres sabios en diferentes momentos sobre la virtud, la ética, la moral, la justicia, la libertad, la felicidad, entre otros aspectos que otorgan sentido al espíritu y existencia humana, casi siempre quedan relegadas al papel conforme a ideas utópicas en un entorno dominado por el materialismo[7], la inequidad, el egoísmo, entre muchos otros factores en los cuales podemos reconocer claramente nuestra naturaleza fragmentada.

Por lo tanto, para entender la evolución de la organización como especie es importante considerar aquellos cambios, movimientos o coyunturas sociales impulsadas en el tiempo no solo por homo sapiens sino también por el homo ignarus (“hombre ignorante”), la condición homínida dominante que se ha encargado de asegurar que prevalezca la organizatio machina hasta nuestros días.


Los preceptos de la organización máquina y la organización viviente


Debo aclarar que referirme a la organización máquina en contraste con la organización viviente no significa que la primera sea un ser sin vida. Esta diferenciación concebida desde una visión tanto filosófica como funcional tiene que ver más con la actitud, carácter o comportamiento psicofísico con el que ambas asumen su existencia.

En primera instancia, el término “máquina” lo utilizo para describir a un ser que en una de sus facetas sobrevive casi que por inercia (un objeto) sin conocerse bien a sí mismo y a su entorno; con poco sentido común; que trabaja de manera rutinaria y mecánica. Este es un caso frecuente considerando que, después de todo, los sistemas sociales al igual que los humanos y los diferentes seres vivos somos estructuras donde suele prevalecer la automatización como zona de confort. Simon Anholt[8] (Jun., 2014) hace un planteamiento interesante al afirmar que hay razones evolutivas de peso que demuestran cómo los humanos pertenecemos a una especie inherentemente conservadora a la que no le gusta el cambio:

“Es muy simple: Hace miles de años, descubrimos que si continuábamos haciendo las mismas cosas no moriríamos, […] y era muy sensato no hacer nada nuevo, porque podría matarnos.” (Anholt, Jun., 2014)

Asimismo pretendo exponer la gestión de un ser que ha confundido los conceptos de felicidad, placer y éxito al buscar su propio beneficio; cuya prioridad es ser una máquina de hacer dinero que además tiene la capacidad de manipular-maquinar y extraer para conseguir ese objetivo a toda costa. Asuntos como la famosa crisis financiera (Credit Crunch) propiciada por los gigantes de Wall Street; el comportamiento de sectores políticos norteamericanos que ocultan su insaciable hambre de control y poder a través de una “gran estrategia de marketing”[9] soportada en su influyente industria de las comunicaciones y el entretenimiento; lo acontecido en Colombia[10] tanto con la difunta firma comisionista INTERBOLSA como la "derrumbada" firma constructora CDO; el fracaso de Venezuela[11] como Estado Social de Derecho o la descarnada corrupción política en Rusia, son, entre gran variedad de micro, medio y macro casos, grandes ejemplos de padecimientos sociales que desembocan en una vida infeliz y sobre todo en la extinción de la organización.

Por otra parte, la organización viviente a la que me quiero referir es el ser virtuoso; coherente entre lo que dice y hace; es la institución que se conoce y reconoce su presencia como un organismo que afecta las demás especies en convivencia; que conoce bien el capital humano que conforma su estructura celular y sus diferentes órganos; que se dispone hacia el aprendizaje; que se repiensa constantemente buscando trascender como el ser viviente que es, entendiendo que la inversión en capital social y ambiental trae bienestar que se traduce en buena economía, reputación, amor[12] y sana longevidad. 

[...]

Ahora bien, el ser consciente no significa permanecer todo el tiempo en un estado filantrópico. Por esta razón similar a lo que pasa con nosotros no sería para nada sensato afirmar que hay compañías totalmente sumidas en la máquina o íntegramente en el estado viviente aquí descritos. El punto es que al ser conscientes y hacernos cargo tenemos mejores opciones de evolucionar positivamente.


El precepto de la organización como especie


Otro aspecto relevante que debo precisar es que referirme a la organización como especie no es en lo absoluto una metáfora o un pensamiento confinado al criterio de la humanización del la empresa. Si bien hemos acuñado lo humano al humanismo (exaltación de las virtudes humanas), lo que habitualmente señalamos deshumano es muy humano. Las guerras, el racismo y la corrupción son convenciones humanas que responden -lo señalé antes- a nuestra naturaleza fragmentada. Razón por la cual el concebir a la organización como especie no se debe reducir solo al precepto de humanizar la empresa. El factor humano y humanista es esencial para la organización tal como para nosotros es el factor micro-orgánico que nos conforma y habita. Aquellos a quienes llamamos microorganismos traen consigo particularidades racionales influenciadas por su entorno que de igual forma los impulsan a asumir comportamientos protectores o dañinos.

Hacer referencia a la organización como especie significa reconocerla como un sistema social viviente articulado por las relaciones humanas y las influencias socioculturales que la componen (Maturana y Varela, 1994, Capra, 1997). Por lo tanto es validarla conforme a un ser biopsicosocial[16] (Engel, 1977) que posee funciones psicofísicas, creencias, necesidades (existenciales, de identidad, comunicación y relacionamiento) y procesos de aprendizaje, crecimiento y padecimiento  similares a las del individuo, en cierta medida. Conjuntamente, como ya lo he dicho, son seres que pueden tener una sana longevidad o ser propensos a enfermedades sociales causantes de trastornos, vicios, problemas de identidad y un fallecimiento tanto prematuro como lento y doloroso (Cárdenas, 2013).

No obstante, en este punto es necesario destacar las escuelas del pensamiento (sobre todo occidental) que difieren del concepto anterior. Según Engel (1977), en el campo de la biología han surgido tanto aquellos que defienden la noción holística como los que han optado por explicar el fenómeno de la vida desde una óptica reduccionista. Por ejemplo para Maturana (1994) desde su prominente visión empírica de la biología los sistemas sociales no pueden considerarse seres vivos:

“si lo que hace al ser vivo ser vivo, es su sistema autopoiético molecular, lo que hace al sistema social sistema social, no puede de ninguna manera ser lo mismo, en tanto el sistema social surge como sistema distinto del sistema vivo al surgir en la distinción como sistema social, aún cuando su realización implique el vivir de los seres vivos que le dan origen.” (Maturana y Varela, 1994:20)

Tal planteamiento reafirma el componente relacional individual en cada sistema pero parte de la visión mecanicista soportada científicamente en varios sectores de la biología molecular (Engel, 1977) la cual en mi opinión se enlaza con el modelo biomédico tradicional (dualista[17], reduccionista y excluyente) y está más en sintonía con la idea de fragmentación o ruptura que gobierna la noción de la organización máquina.

Lo que pretendo demostrar en relación con la tesis que planteo sobre las organizaciones como entidades biopsicosociales (base del presente estudio), es que los sistemas sociales si pueden considerarse seres vivos presididos por una inteligencia universal o fuerza vital que afianza las relaciones de sus elementos biológicos, psicológicos y sociales. Posición que soporto fundamentalmente en el concepto integrador promovido por la escuela organísmica y la Teoría de sistemas para describir sus relaciones físicas (Schrödinger, 1944, Bertalanfy, 1968, Luhmann, 1992, Capra, 1997); en el planteamiento sistémico y filosófico del modelo biopsicosocial (BPS) -aún muy carente- ligado a la influencia del contexto sobre el comportamiento y el estado de salud o enfermedad de la organización (Engel, 1977, Borrell, 2002, Borrell et. al, 2004, Vanegas, 2007, Adler, 2009); [...] y finalmente en ciertos aspectos de la doctrina vitalista que a pesar de ser descartada por la mirada cartesiana de la ciencia occidental debido a la “intangibilidad” que representa referirse a una fuerza vital, de acuerdo a mi experiencia personal y a la de otros que así lo han expresado es el cimiento que soporta a la conciencia colectiva que nos integra e inspira.


Mi contribución


Así pues, mi intención es contribuir a la evolución de la organización como especie al definir un marco teórico-práctico que provea aún más evidencia de la condición viviente de la organización y del reino social[18] que ella integra. Además, como punto crucial de este estudio, exponer algunas de las metodologías -incluyendo la propia- que no hace mucho se están implementando en la gestión de dicha especie con el fin de mejorar su salud, sus capacidades de aprendizaje, su inteligencia colectiva y hacerla más adaptable a los cambios. Para lograr dicho propósito, en primera instancia se pondrán en contexto algunas características que sitúan a las organizaciones como sistemas sociales vivientes. Luego, se abordarán algunas de las coyunturas históricas que han influido en la evolución de las organizaciones y cuáles han sido los factores que las han llevado hacia la mecanización o trascendencia. Asimismo, en concordancia con el ciclo histórico, se presentarán varias de las circunstancias que llevaron a estudiar los sistemas sociales desde el criterio biológico para identificar sus patrones de conducta entre otras características similares a las del individuo, donde se ubica el lenguaje por ejemplo [...]

Esta contribución busca de igual forma incentivar a gestores en las diferentes áreas que componen la empresa a considerar nuevas alternativas en la forma en que están pensando y guiando las organizaciones que integran. En adición, al contemplar las grandes posibilidades de investigación que emergen desde esta noción, el objetivo es motivar también a aquellas personas que se han hecho preguntas y han tenido ideas similares para que continúen sembrando semillas tanto en el ámbito académico como en la práctica empresarial. Sin duda su germinación alimentará la memoria colectiva y traerá bienestar institucional.

Si bien este es un aporte necesario en el ámbito mundial no puedo ocultar mi especial interés por el Sistema Latinoamericano, mi lugar de procedencia. Aunque esta región ha venido experimentando un crecimiento económico exponencial importante, lo precario de la organización viviente y la predominancia de la organización instrumental ha significado que dicho desarrollo sea considerablemente insostenible, carente de pensamiento innovador, entre otros aspectos no alentadores. Yolanda Kakabadse, presidenta del WWF (por sus siglas en inglés), anota:

“Si bien el crecimiento económico latinoamericano en la última década ha servido para disminuir la pobreza y la inequidad –todavía a un ritmo lento–, factores asociados a este crecimiento como la urbanización desordenada, la industrialización, el creciente uso de la tierra para agricultura y ganadería, así como los cambios climáticos resultantes del uso indiscriminado de los recursos naturales, están provocando impactos negativos sobre los sistemas sociales y naturales.” (Kakabadse, 2014).

Finalizo esta introducción con el positivismo del lingüista Steven Pinker subrayando que a pesar de la violencia que contemplamos y experimentamos en la actualidad “probablemente estamos viviendo los tiempos más pacíficos en la existencia de nuestra especie.” (Pinker, Mar., 2007). En respuesta a la reflexión hecha por Morin (1998) sobre la ceguera social, creo que una de las principales causas de nuestra ignorancia el día de hoy, por encima de la violencia, tienen que ver con un consumismo desenfrenado en todo sentido que ha convertido el mundo en “un enorme objeto de nuestro apetito” (Fromm, 1956:87). No está mal "Consumir", es una necesidad básica que tenemos las diferentes especies, cada una a su manera. La cuestión es qué tan sostenible está siendo ese consumo y cuál es la autoridad que tenemos sobre él. Eh aquí una de las diferencias entre ser esclavos en la máquina y ser conscientes en la vida.


_____________________________
[1] Esta es la hora en que aún no hay certeza sobre cual realmente es el antepasado del hombre. Pero se deduce que es algunos de los homínidos africanos… El eslabón sigue perdido.

[2] Para demostrar cómo se revela la memoria colectiva vale la pena indicar que las siguientes reflexiones (Fromm y Morin), fueron identificadas luego del pensamiento que se manifestó en mi mente sobre "la real ignorancia" que nos agobia.

[3] El aprendizaje, la memoria, la emoción, el conocimiento y el pensamiento abstracto esencialmente. (Robinson, 2002)

[4] “Aristóteles es el primero entre los grandes psicólogos; es menos filósofo de la psicología que un psicólogo de la psicología.” (Robinson, 2002:16) 

[5] “Psicología es el estudio de aquellos poderes y procesos perceptuales, cognitivos y racionales mediante los cuales los organismos entran en relación con su entorno físico y social para lograr un fin que es determinado por sus respectivas naturalezas.” (Robinson, 2002:21) 

[6] Aristóteles se refiere así al concepto de felicidad: “La función del hombre es una cierta vida, […] y unas acciones razonables, […] y cada uno se realiza bien según su propia virtud; y […] resulta que el bien del hombre es una actividad del alma de acuerdo con la virtud, […] la mejor y más perfecta, y además en una vida entera.” (ARISTÓTELES, 1985: 142). Erich Fromm, hace una interpretación interesante del concepto en relación con el criterio orgánico: “[…] la felicidad y la infelicidad son expresiones del estado del organismo entero, de la personalidad total. La felicidad va unida a un aumento de la vitalidad, a la intensidad del sentimiento y del pensamiento y a la productividad; la infelicidad va unida a una disminución de estas capacidades y funciones.” (Fromm, 1953: 182). Sobre el placer y la felicidad Spinoza enfatiza: “La felicidad no es el premio de la virtud, sino la virtud misma; ni nos deleitamos en la felicidad porque refrenamos nuestras lujurias; sino, por el contrario, porque nos deleitamos en ella somos capaces de refrenarlas.” (citado por Fromm, 1953: 174)

[7] Aristóteles se refiere así a la malinterpretación del bien y la felicidad con el placer: “No es sin razón el que los hombres parecen entender el bien y la felicidad partiendo de los diferentes géneros de vida. Así el vulgo y los más groseros los identifican con el placer, y, por eso, aman la vida voluptuosa.” (ARISTÓTELES, 1985: 134).

[8] Asesor político que apoya a gobiernos regionales y de ciudad a desarrollar e implementar estrategias para el mejoramiento económico, político y de integración cultural con otros países (Anholt, 2015).

[9] Si han visto la famosa serie “House of cards”… la realidad supera la ficción.

[10] Hago referencia a casos en Colombia porque es el lugar donde aterricé.

[11] Venezuela, uno de los países hermanos, lastimosamente ha colapsado a causa de un régimen extractivo, nada pensante y sí muy mecánico. Lo interesante de un país como sistema viviente (entre otros) es que puede volver a renacer de sus cenizas como el ave fénix.

[12] Un valor poco común para la empresa que empieza a tomar relevancia en algunas organizaciones que se están evolucionando hacia el estado pensante.

[13] Ranking que resalta aquellas organizaciones alrededor del mundo que incentivan e implementan la innovación verde en pro de la conservación del planeta (WWF, 2015). 

[14] Ranking propiciado por Simon Anholt en Junio del 2014. 

[15] Ambos grupos están hacen parte del Índice de Sostenibilidad del Dow Jones (Dow Jones Sustainability Index-World) que monitorea el desempeño de compañías líderes en términos de sostenibilidad a nivel mundial (Argos, 2015). El grupo Sura recibió adicionalmente en enero del 2015 el reconocimiento Gold Class en sostenibilidad entregado por RobecoSAM (Grupo Sura, 2015) -también colaboradora en la gestión del Índice Dow Jones-. 

[16] El Modelo biopsicosocial revisa los estados de salud y enfermedad del ser humano desde una perspectiva biológica, psicológica y social.

[17] Asuntos del cuerpo y la mente tratados como entidades separadas (Engel, 1977).

[18] La segmentación hecha por Linneo y Buffon para diferenciar los organismos o especies que habitan el planeta podría integrarse en un reino social compuesto por las relaciones de los sistemas sociales vivientes.



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Reconocer a la organización como ser vivo


AGRADECIMIENTO
A la memoria colectiva…


Apartes del Prólogo del ensayo:

"DE LA ORGANIZACIÓN MÁQUINA A LA ORGANIZACIÓN VIVIENTE 
Un ciclo evolutivo de la fragmentación a la integración" 

© 2015, Juan Sebastián Cárdenas Salas

[Versión Castellano]


“Implícitamente, una compañía es un organismo, organismo vivo, un organismo social, organización de los órganos que la constituyen”.
   
Joan Costa



Justamente esa reflexión de Costa desató desde mi percepción como comunicador organizacional una inquietud que me ha impulsado en los últimos años a buscar respuestas en varios ámbitos de las ciencias sociales, la filosofía, la biología, e incluso en una ciencia del todo[1] que abarca las anteriores, para soportar la idea que se manifestó en mi cabeza sobre las corporaciones como organismos vivientes con complejidades afines a las nuestras y donde el componente comunicacional se convierte en un aspecto crítico en el afianzamiento de sus relaciones y crecimiento.

Dicha exploración tuvo su primer destello en una investigación que realicé (Cárdenas, 2012) con el fin identificar cuál era el impacto de la comunicación en la percepción de una marca corporativa de educación superior[2]. En ella concebí de manera muy básica el concepto de la marca desde dos ámbitos inherentes a la naturaleza humana: un estado mental (cognitivo) y un estado material (fisiológico), o en otras palabras, conforme a un sistema que posee unos rasgos físicos, una personalidad, unas creencias y un espíritu que se retroalimentan de forma permanente en su ciclo de vida (ver Gráfico 1).

[…]

De este modo quise abordar el concepto de “la marca” para analizarlo no solo desde el componente mercadológico preponderante sino desde una óptica más antropológica, sociológica y filosófica, reitero, con relativa profundidad en tales aspectos. Pero aún así, esta visión y los hallazgos que empezaron a surgir en adelante generaron cuestionamientos y convicción en cuanto a la necesidad de una transformación sobre los paradigmas habituales de la gestión empresarial en las que habían sido mis áreas de estudio hasta el momento: la publicidad y el mercadeo.

Según lo he dicho, la imposición de rasgos humanos para diferenciar las empresas no es una novedad. No obstante cabe resaltar que es diferente implantar características humanas en una organización que pensarla, definirla y gestionarla integralmente como un ser o sistema viviente. La deliberada implantación de rasgos humanos a las compañías ha sido, en especial durante las últimas 6 décadas, el común denominador del modelo mercadológico que en muchos casos emerge con incongruencias: marcas o corporaciones que expresan lo que realmente no hacen, que prometen y venden una experiencia a costa del engaño y de la explotación humana[3]. Un claro síntoma de organizaciones enfermas que enmascaran tales sufrimientos en su proceso comunicacional (Cárdenas, 2013).

Esto no es gratuito, a juicio de otros y el mío padecimientos de este tipo fueron influidos esencialmente por el fenómeno de la Revolución industrial, donde la empresa se concibió conforme a una “máquina” optimizadora de procesos fabriles en la cual se contrataban instrumentos de producción más que personas. Tal transformación liberó lo que denomino un “monstruo de progreso” cuya prioridad era devorar recursos a fin de lograr "el máximo beneficio económico, al más bajo costo, en el menor tiempo posible" sin dar suficiente importancia a que los medios para conseguirlo fueran sostenibles o no (Cárdenas, 2013b). Adicionalmente, este cambio también potencializó el enfoque del capitalismo contemporáneo, el cual, de acuerdo con Fromm (1956), demanda hombres más consumidores y dispuestos a ser manejados para encajar en la maquinaria social; que incluye entre otras cosas “la rutina de la diversión, la consumición pasiva de sonidos y visiones ofrecidos por la industria del entretenimiento” (Fromm, 1956:87) como paliativo de la inseguridad, la angustia y la soledad que se develan en la separatividad humana (Fromm, 1956). Según el psicoanalista, tal influencia acerca al hombre moderno a la imagen que Huxley describe en Un mundo feliz: un individuo“bien alimentado, bien vestido, sexualmente satisfecho, y no obstante sin yo, sin contacto alguno salvo el más superficial […] con sus semejantes” (Fromm, 1956: 87). Así, no fueron pocas las industrias que usando ideales buscaron llenar sus arcas a través de la comunicación de marketing[4]. Marco en el cual la publicidad se fortaleció como la herramienta de seducción perfecta.

No es desconocido que el mercadeo actualmente se soporta en estudios psicológicos y neuro-científicos para “arrear”[5] las emociones del animal consumidor que somos. Si bien la publicidad como medio de comunicación dinamizador del mercadeo ha incitado aspectos virtuosos de nuestra naturaleza, entre ellos la imaginación, el humor y la creatividad con sus variadas expresiones artísticas, no se puede negar que en muchos casos ha sido un medio provechoso en aquellas empresas que buscan incrementar su capital económico promoviendo ideales que a fin de cuentas están llenos de restricciones (la letra chiquita). En contraste con el lenguaje divertido, emocional y cautivador que nos presenta creativamente la publicidad, el lenguaje mecanicista y algo confuso de las leyes hace que pongamos los pies en la tierra para confinarnos al “establo”.

Por eso cuando reconocí a las organizaciones como seres vivos más allá de la serie de arquetipos e ideales humanístico – hedonistas que el mercadeo -impulsado por la organización máquina- se ha encargado de incorporar, deje de pensar en “Marcas” para pensar en “Seres” con características muy similares pero no idénticas a las que tenemos los humanos. Rasgos que las inducen, por ejemplo, a comportarse de manera íntegra o poco consciente. Esta Hipótesis que empezó a configurarse en mi mente aún sin haber estudiado varias de las doctrinas y bases científicas que habían surgido con anticipación en las ramas mencionadas, dio forma al criterio que hoy tengo sobre las organizaciones como sistemas vivientes y la actitud con la que asumen su vida.

Arie de Geus[6] en el libro denominado "La Compañía Viviente" (The Living Company) describe una anécdota interesante para referirse precisamente al surgimiento de su idea sobre las organizaciones vivientes. Este relata cómo en su primer año de estudio universitario el profesor de filosofía les expresó a él y a sus compañeros que “jamás tendrían una idea original” puesto que alguien en algún momento ya la había pensado (de Geus, 2002). Afirmación con la que coincido (es posible que usted también) pues su idea -entre otras- fue la misma que prosperó en mi mente aún sin saber quién era él y de la existencia de su texto. De esta manera y en la medida del proceso investigativo han ido surgiendo progresivamente las respuestas a los diferentes cuestionamientos que el día de hoy me están permitiendo atar cabos; o como lo dijera Steve Jobs en su famoso discurso de Stanford, unir los puntos. Por tal razón mi agradecimiento se dirige a la memoria colectiva que se ha convertido en mi maestra y asesora en el camino que por convicción propia decidí emprender y cuyos primeros pasos evidenciaré en el presente libro para aportar mi grano de arena en la evolución de la organización como especie.

_________________________
[1] [...] Posteriormente se abordará el tema.

[2] Estudio que denominé: El impacto de las estrategias comunicacionales en la percepción de una marca corporativa de educación superior, caso Universidad EAFIT, según estrategias implementadas entre 2008 y 2011. 

[3] Naomi Klein en su libro de inicio de siglo “NO LOGO” (2000) expone abiertamente varias de las enfermedades sufridas por reconocidas marcas comerciales en el contexto de la crisis de los años 90. En el 2007 publicó un nuevo Libro denominado La Doctrina del Shock en el cual expone como “el capitalismo emplea constantemente la violencia, el terrorismo contra el individuo y la sociedad.” (Cueva, 2014) 

[4] Comunicación que en este contexto fue inspirada por un lenguaje bélico que ubicó a la competencia como el “enemigo” y a los consumidores como sus “víctimas”. Algunos ejemplos: Atacar el Mercado, capturar clientes, clientes en el punto de mira, eliminar la competencia, marketing de guerrilla, etc. Es claro que las bases de la gestión estratégica empresarial ha tenido como uno de sus principales referentes la estrategia de guerra. El milenario libro El Arte de la guerra (Sun Tzu) ha sido por siglos el inspirador de muchas escuelas de negocios y corporaciones. 

[5] Controlar el ganado o rebaño de ovejas. 

[6] Se desempeño durante 38 años como dirigente en la Compañía Royal Dutch Shell en tres continentes, finalizando su carrera como el Director global de planeación a cargo de la metodología basada en escenarios - establecida por Der Van Heijden (2005)-. En 1997 publicó el libro mencionado (traducido en más de 20 idiomas) con el cual ganó el premio al más “influyente e innovador libro de gerencia del año en el mundo” otorgado por Finalcial/Times Booz-Allen & Hamilton Global Business Book Award (de Geus, 2015).


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domingo, 29 de marzo de 2015

Creer en "Dios"

Por Juan Sebastián Cárdenas Salas
English version: Believe in "God"

Dios Padre por Cima da Conegliano, c. 1515
Fuente: Wikipedia

Alguien me preguntó si creía en “Dios”… Yo le respondí con otro cuestionamiento: ¿Sobre cuál concepción de “Dios” estás indagando?... Si tú me dices que “Dios” es un señor de pelo largo, barba y túnica blancas como la nieve que se sienta en las nubes a observar lo que hace cada uno de nosotros, y eso te da esperanza, te permite tolerar al otro, te hace feliz y hace felices a quienes te rodean, o en otras palabras, si la fe que tienes en ese señor te hace vivir en la virtud; yo te respondo [hermana-hermano] que creo ciegamente en lo que me estás diciendo… Cómo no creer si es el mismo “Dios” el que está hablando.

Palabras clave: Dios, Religión, Tolerancia, Respeto, Pensamiento Colectivo


martes, 22 de julio de 2014

La mancha amarilla: expresión de un país



Fuente: Terra Deportes


Hace algún tiempo mi atención está puesta en el análisis de comportamientos manifestados en colectividades integradas por seres humanos que usualmente tienen un fin común, es decir, desde la conducta de un país o empresa, hasta lo que podría ocurrir en una pareja como ente social. Dentro de las variadas características que se identifican en este tipo de sistemas sobresalen los rasgos de cohesión y conflicto, entre ellos la emocionalidad. Uno de los momentos más oportunos para contemplar la faceta sensible que conecta a estos seres colectivos son espectáculos multitudinarios como conciertos, convenciones religiosas y eventos deportivos. En este último escenario, donde afloran llamativos contrastes de la emoción humana y en el cual se ubica el bien gozado o sufrido culto al fútbol se presenta una irresistible oportunidad de análisis, y más aún cuando por estos días de depresión post mundial abundan las reflexiones acerca de lo que fue o pudo haber sido. Por eso en esta ocasión quiero echar un breve vistazo al reconocido ser que asumió el nombre de “mancha amarilla” cuando se puso la camiseta de su selección tratando de evadir por un rato sus malestares para impregnarse de alegría, pasión y esperanza; tener buenas conversaciones, y estar cohesionado en torno al Mundial de Fútbol que finalizó recientemente.

Creo que en Colombia no hubo rincón en donde no se haya escuchado hablar, y especialmente donde no se haya vivido la experiencia de la famosa Mancha amarilla que ya había empezado a gestarse desde la etapa de clasificación, fortaleciéndose luego gracias a la pasión puesta por todo un país representado por los 23 integrantes que dejaron huella en el torneo deportivo más importante del mundo. Solo basta con leer los reportes de los medios nacionales e internacionales en torno a la participación de la Selección Colombia. Mancha y Fiebre amarilla son sin lugar a dudas los términos que más aluden a la masa de aficionados colombianos que vibraron al llenar los estadios brasileños entonando el himno con júbilo y alentando sin descanso a sus héroes. Una reconocida periodista nacional describe muy bien la sensación de conexión emotiva:

“Me corrió un escalofrío por todo el cuerpo al ver que un estadio de casi 74.000 sillas estaba lleno de colombianos, vitoreando a su selección. Por más que intenté evitar caer en sus redes, no tuve cómo resistir los embates de la bocanada de nacionalismo que de pronto me arropó sin darme cuenta […] Me conmoví hasta los tuétanos oyendo a todo el estadio entonar el himno nacional y lloré con la mayoría de los colombianos sin saber por qué lo hacía […] En los estadios, en los aviones, en los aeropuertos la mancha amarilla nos daba una pertenencia inusitada en medio de esas lejuras y distancias brasileras. Sin darnos cuenta compartimos historias, diálogos, emociones con colombianos de todos los pelambres…”[1]
Podría asegurar que la mayoría de los colombianos nos vimos envueltos en esta especie de fusión, especialmente quienes al igual que la periodista tuvieron el privilegio de alabar a su equipo en los diferentes templos del fútbol brasilero.

Cuando me refiero a la mancha amarilla como ser colectivo no estoy utilizando una simple metáfora. Esta expresión sistémica tomó vida en la consciencia colectiva de los colombianos que al integrarnos le dimos cuerpo, pensamiento y lenguaje. En Brasil y en el País pudimos ver claramente su anatomía. Ahí estaba en las tribunas de los estadios haciendo la ola y bailando como bailaron los jugadores al anotar un gol. La vimos en cada esquina de las ciudades, en los hogares y en las instituciones colombianas. Celebró con los triunfos y se deprimió con la derrota. Luego, mostrando al máximo su faceta de consentidora recibió en su seno a los 23 hijos y a su líder como si hubieran ganado la copa.  Su pensamiento y expresiones se evidenciaron con ímpetu en las diferentes redes sociales[2], especialmente en Twitter, el medio por excelencia para identificar conversaciones de seres colectivos. Hashtags como #ManchaAmarilla, #HinchasInseparables,  #VivaMiSeleccion, entre muchos otros, dieron muestra de ello. Digamos que este fenómeno se puede observar con cierta claridad partiendo de la interesante y debatida teoría de los Memes[3] (transmisión/imitación de la memoria colectiva). En resumidas cuentas dicha hipótesis plantea que la transmisión cultural, evidenciada principalmente en el lenguaje y demás expresiones inherentes a cada cultura, es paralela a la transmisión genética y por lo tanto permea la evolución de un individuo, comunidad o sociedad. Al llevar este criterio a nuestra querida Mancha, lo que hicimos entonces fue crear un meme o memoria social que seguramente continuará esparciéndose para permear las nuevas generaciones de macondianos alegres y pachangueros que vibrarán con los triunfos y sufrirán con las derrotas de su equipo del alma.

Finalmente, no se puede desconocer que la mancha amarilla es un fenómeno que ha marcado positivamente al País mostrando su cara más amable en el contexto deportivo. Sin embargo, debemos ser conscientes de que este organismo recién nacido es por ahora una expresión emocional. De los colombianos que deseamos vivir en un buen país[4] depende su transformación en algo más sólido que trascienda el fútbol. Es verdad que no es fácil, muchas veces preferimos tomarnos la aspirina para evadir la enfermedad en vez de hacer un esfuerzo por erradicarla. Creo que valdría la pena y más cuando dos de los memes más poderosos en Colombia son contradictoriamente el de la desintegración social y la no memoria.




[1] Columna de María Jimena Duzán en la Revista Semana, EL PODER DEL FÚTBOL Edición N° 1679, Julio 2014.
[2] A propósito este también fue el Mundial de las redes sociales. En ningún evento de gran magnitud se había registrado antes tanta interacción.
[3] El término meme se ha popularizado principalmente como un fenómeno que genera tendencia en las redes sociales (imagen, mensaje, video, etc.) Este planteamiento teórico fue acuñado por el científico Richard Dawkins en su Libro El Gen Egoísta.
[4] Ver: Which countrydoes the most good for the world? Charla TED por Simon Anholt.