miércoles, 1 de abril de 2015

Una contribución a la evolución de la organización como especie


Apartes de la Introducción de mi libro:

"DE LA ORGANIZACIÓN MÁQUINA A LA ORGANIZACIÓN VIVIENTE 
Un ciclo evolutivo de la fragmentación a la integración" 

© 2015, Juan Sebastián Cárdenas Salas

[Versión Castellano]

De la Organización Máquina a la Organización Viviente
Jscinteractivo.com



“No existe aseveración más sublime que el hombre pueda hacer que la de decir: ‘Obraré de acuerdo con mi conciencia’”.

Erich Fromm



Organizatio Sapiens y Organizatio Machina


Al igual que los seres humanos y otras especies del planeta la organización también ha experimentado ciclos evolutivos. Para cualquiera que haya sido nuestro antepasado directo[1], la transformación a homo sapiens (“hombre sabio”) implicó un lapso de tiempo considerable en el cual se desataron cambios a nivel molecular, celular y morfológico. La expansión cerebral, el principal rasgo, impulsó procesos cognitivos complejos dando paso al lenguaje entre otros atributos que consolidaron nuestras habilidades sociales y facilitaron el desarrollo de la organizatio sapiens. No obstante, esas mismas capacidades mentales potenciaron la transmisión de creencias y hábitos que nos han alejado cada vez más de la esencial sapiencia para acercarnos de manera vertiginosa a la real ignorancia[2].

Fromm (1953) asevera:

"El hombre moderno [...] se siente inquieto y cada vez más perplejo. Trabaja y lucha, pero es vagamente consciente de un sentimiento de futilidad con respecto a sus actividades. Mientras se acrecienta su poder sobre la materia se siente impotente en su vida individual y en la sociedad. Conforme ha ido creando nuevos y mejores medios para dominar a la naturaleza se ha ido enredando en las mallas de esos medios y ha perdido la visión del único fin que les da significado: el hombre mismo. Ha llegado a ser el amo de la naturaleza y al mismo tiempo se ha transformado en el esclavo de la máquina que construyó con su propia mano. A pesar de todos sus conocimientos acerca de la naturaleza, permanece ignorante en cuanto a los problemas más importantes y fundamentales de la existencia humana: lo que el hombre es, cómo debe vivir y cómo liberar las tremendas energías que existen dentro de él y usarlas productivamente." (Fromm, 1953:16)

En concordancia Morin (1998) expone:

“Hemos adquirido conocimientos sin precedentes sobre el mundo físico, biológico, psicológico, sociológico. La ciencia ha hecho reinar, cada vez más, a los métodos de verificación empírica y lógica. Mitos y tinieblas parecen ser rechazados a los bajos fondos del espíritu por las luces de la Razón. Y, sin embargo, el error, la ignorancia, la ceguera, progresan, por todas partes, al mismo tiempo que nuestros conocimientos.” (Morin, 1998: 27).

El filósofo Daniel N. Robinson (2002) argumenta que para reconocer al hombre como animal pensante es fundamental preguntarse cuál es el fin de las facultades racionales que lo determinan[3]. Buscando dar una respuesta, este resalta la visión sistemática instaurada por Aristóteles (1985)[4] en el campo de la psicología[5] donde cobran sentido tales destrezas con base en las dimensiones biológicas, sociales y políticas en las cuales nos encontramos adscritos como especie. Partiendo de dicha posición el gran filósofo ateniense enfatizó que las capacidades mentales del homo sapiens “deben emplearse en servicio de asegurar una vida plena, una vida de felicidad” (Robinson, 2002:21), es decir, bajo el concepto de eudaimonía[6] (ARISTÓTELES, 1985) que ubica a la virtud como centro de la razón para legitimar la plenitud del ser “en el profundo y perdurable placer de una vida racionalmente vivida” (Robinson, 2002:21). Plenitud que según Fromm (1953) -evocando la memoria colectiva de la Ética Humanista- no puede darse fuera de la integración: “el hombre encuentra su felicidad y la realización plena de sus facultades únicamente en relación y solidaridad con sus semejantes.” (Fromm, 1953:25). Sin embargo, esas concepciones filosóficas integradoras promovidas por hombres sabios en diferentes momentos sobre la virtud, la ética, la moral, la justicia, la libertad, la felicidad, entre otros aspectos que otorgan sentido al espíritu y existencia humana, casi siempre quedan relegadas al papel conforme a ideas utópicas en un entorno dominado por el materialismo[7], la inequidad, el egoísmo, entre muchos otros factores en los cuales podemos reconocer claramente nuestra naturaleza fragmentada.

Por lo tanto, para entender la evolución de la organización como especie es importante considerar aquellos cambios, movimientos o coyunturas sociales impulsadas en el tiempo no solo por homo sapiens sino también por el homo ignarus (“hombre ignorante”), la condición homínida dominante que se ha encargado de asegurar que prevalezca la organizatio machina hasta nuestros días.


Los preceptos de la organización máquina y la organización viviente


Debo aclarar que referirme a la organización máquina en contraste con la organización viviente no significa que la primera sea un ser sin vida. Esta diferenciación concebida desde una visión tanto filosófica como funcional tiene que ver más con la actitud, carácter o comportamiento psicofísico con el que ambas asumen su existencia.

En primera instancia, el término “máquina” lo utilizo para describir a un ser que en una de sus facetas sobrevive casi que por inercia (un objeto) sin conocerse bien a sí mismo y a su entorno; con poco sentido común; que trabaja de manera rutinaria y mecánica. Este es un caso frecuente considerando que, después de todo, los sistemas sociales al igual que los humanos y los diferentes seres vivos somos estructuras donde suele prevalecer la automatización como zona de confort. Simon Anholt[8] (Jun., 2014) hace un planteamiento interesante al afirmar que hay razones evolutivas de peso que demuestran cómo los humanos pertenecemos a una especie inherentemente conservadora a la que no le gusta el cambio:

“Es muy simple: Hace miles de años, descubrimos que si continuábamos haciendo las mismas cosas no moriríamos, […] y era muy sensato no hacer nada nuevo, porque podría matarnos.” (Anholt, Jun., 2014)

Asimismo pretendo exponer la gestión de un ser que ha confundido los conceptos de felicidad, placer y éxito al buscar su propio beneficio; cuya prioridad es ser una máquina de hacer dinero que además tiene la capacidad de manipular-maquinar y extraer para conseguir ese objetivo a toda costa. Asuntos como la famosa crisis financiera (Credit Crunch) propiciada por los gigantes de Wall Street; el comportamiento de sectores políticos norteamericanos que ocultan su insaciable hambre de control y poder a través de una “gran estrategia de marketing”[9] soportada en su influyente industria de las comunicaciones y el entretenimiento; lo acontecido en Colombia[10] tanto con la difunta firma comisionista INTERBOLSA como la "derrumbada" firma constructora CDO; el fracaso de Venezuela[11] como Estado Social de Derecho o la descarnada corrupción política en Rusia, son, entre gran variedad de micro, medio y macro casos, grandes ejemplos de padecimientos sociales que desembocan en una vida infeliz y sobre todo en la extinción de la organización.

Por otra parte, la organización viviente a la que me quiero referir es el ser virtuoso; coherente entre lo que dice y hace; es la institución que se conoce y reconoce su presencia como un organismo que afecta las demás especies en convivencia; que conoce bien el capital humano que conforma su estructura celular y sus diferentes órganos; que se dispone hacia el aprendizaje; que se repiensa constantemente buscando trascender como el ser viviente que es, entendiendo que la inversión en capital social y ambiental trae bienestar que se traduce en buena economía, reputación, amor[12] y sana longevidad. 

[...]

Ahora bien, el ser consciente no significa permanecer todo el tiempo en un estado filantrópico. Por esta razón similar a lo que pasa con nosotros no sería para nada sensato afirmar que hay compañías totalmente sumidas en la máquina o íntegramente en el estado viviente aquí descritos. El punto es que al ser conscientes y hacernos cargo tenemos mejores opciones de evolucionar positivamente.


El precepto de la organización como especie


Otro aspecto relevante que debo precisar es que referirme a la organización como especie no es en lo absoluto una metáfora o un pensamiento confinado al criterio de la humanización del la empresa. Si bien hemos acuñado lo humano al humanismo (exaltación de las virtudes humanas), lo que habitualmente señalamos deshumano es muy humano. Las guerras, el racismo y la corrupción son convenciones humanas que responden -lo señalé antes- a nuestra naturaleza fragmentada. Razón por la cual el concebir a la organización como especie no se debe reducir solo al precepto de humanizar la empresa. El factor humano y humanista es esencial para la organización tal como para nosotros es el factor micro-orgánico que nos conforma y habita. Aquellos a quienes llamamos microorganismos traen consigo particularidades racionales influenciadas por su entorno que de igual forma los impulsan a asumir comportamientos protectores o dañinos.

Hacer referencia a la organización como especie significa reconocerla como un sistema social viviente articulado por las relaciones humanas y las influencias socioculturales que la componen (Maturana y Varela, 1994, Capra, 1997). Por lo tanto es validarla conforme a un ser biopsicosocial[16] (Engel, 1977) que posee funciones psicofísicas, creencias, necesidades (existenciales, de identidad, comunicación y relacionamiento) y procesos de aprendizaje, crecimiento y padecimiento  similares a las del individuo, en cierta medida. Conjuntamente, como ya lo he dicho, son seres que pueden tener una sana longevidad o ser propensos a enfermedades sociales causantes de trastornos, vicios, problemas de identidad y un fallecimiento tanto prematuro como lento y doloroso (Cárdenas, 2013).

No obstante, en este punto es necesario destacar las escuelas del pensamiento (sobre todo occidental) que difieren del concepto anterior. Según Engel (1977), en el campo de la biología han surgido tanto aquellos que defienden la noción holística como los que han optado por explicar el fenómeno de la vida desde una óptica reduccionista. Por ejemplo para Maturana (1994) desde su prominente visión empírica de la biología los sistemas sociales no pueden considerarse seres vivos:

“si lo que hace al ser vivo ser vivo, es su sistema autopoiético molecular, lo que hace al sistema social sistema social, no puede de ninguna manera ser lo mismo, en tanto el sistema social surge como sistema distinto del sistema vivo al surgir en la distinción como sistema social, aún cuando su realización implique el vivir de los seres vivos que le dan origen.” (Maturana y Varela, 1994:20)

Tal planteamiento reafirma el componente relacional individual en cada sistema pero parte de la visión mecanicista soportada científicamente en varios sectores de la biología molecular (Engel, 1977) la cual en mi opinión se enlaza con el modelo biomédico tradicional (dualista[17], reduccionista y excluyente) y está más en sintonía con la idea de fragmentación o ruptura que gobierna la noción de la organización máquina.

Lo que pretendo demostrar en relación con la tesis que planteo sobre las organizaciones como entidades biopsicosociales (base del presente estudio), es que los sistemas sociales si pueden considerarse seres vivos presididos por una inteligencia universal o fuerza vital que afianza las relaciones de sus elementos biológicos, psicológicos y sociales. Posición que soporto fundamentalmente en el concepto integrador promovido por la escuela organísmica y la Teoría de sistemas para describir sus relaciones físicas (Schrödinger, 1944, Bertalanfy, 1968, Luhmann, 1992, Capra, 1997); en el planteamiento sistémico y filosófico del modelo biopsicosocial (BPS) -aún muy carente- ligado a la influencia del contexto sobre el comportamiento y el estado de salud o enfermedad de la organización (Engel, 1977, Borrell, 2002, Borrell et. al, 2004, Vanegas, 2007, Adler, 2009); [...] y finalmente en ciertos aspectos de la doctrina vitalista que a pesar de ser descartada por la mirada cartesiana de la ciencia occidental debido a la “intangibilidad” que representa referirse a una fuerza vital, de acuerdo a mi experiencia personal y a la de otros que así lo han expresado es el cimiento que soporta a la conciencia colectiva que nos integra e inspira.


Mi contribución


Así pues, mi intención es contribuir a la evolución de la organización como especie al definir un marco teórico-práctico que provea aún más evidencia de la condición viviente de la organización y del reino social[18] que ella integra. Además, como punto crucial de este estudio, exponer algunas de las metodologías -incluyendo la propia- que no hace mucho se están implementando en la gestión de dicha especie con el fin de mejorar su salud, sus capacidades de aprendizaje, su inteligencia colectiva y hacerla más adaptable a los cambios. Para lograr dicho propósito, en primera instancia se pondrán en contexto algunas características que sitúan a las organizaciones como sistemas sociales vivientes. Luego, se abordarán algunas de las coyunturas históricas que han influido en la evolución de las organizaciones y cuáles han sido los factores que las han llevado hacia la mecanización o trascendencia. Asimismo, en concordancia con el ciclo histórico, se presentarán varias de las circunstancias que llevaron a estudiar los sistemas sociales desde el criterio biológico para identificar sus patrones de conducta entre otras características similares a las del individuo, donde se ubica el lenguaje por ejemplo [...]

Esta contribución busca de igual forma incentivar a gestores en las diferentes áreas que componen la empresa a considerar nuevas alternativas en la forma en que están pensando y guiando las organizaciones que integran. En adición, al contemplar las grandes posibilidades de investigación que emergen desde esta noción, el objetivo es motivar también a aquellas personas que se han hecho preguntas y han tenido ideas similares para que continúen sembrando semillas tanto en el ámbito académico como en la práctica empresarial. Sin duda su germinación alimentará la memoria colectiva y traerá bienestar institucional.

Si bien este es un aporte necesario en el ámbito mundial no puedo ocultar mi especial interés por el Sistema Latinoamericano, mi lugar de procedencia. Aunque esta región ha venido experimentando un crecimiento económico exponencial importante, lo precario de la organización viviente y la predominancia de la organización instrumental ha significado que dicho desarrollo sea considerablemente insostenible, carente de pensamiento innovador, entre otros aspectos no alentadores. Yolanda Kakabadse, presidenta del WWF (por sus siglas en inglés), anota:

“Si bien el crecimiento económico latinoamericano en la última década ha servido para disminuir la pobreza y la inequidad –todavía a un ritmo lento–, factores asociados a este crecimiento como la urbanización desordenada, la industrialización, el creciente uso de la tierra para agricultura y ganadería, así como los cambios climáticos resultantes del uso indiscriminado de los recursos naturales, están provocando impactos negativos sobre los sistemas sociales y naturales.” (Kakabadse, 2014).

Finalizo esta introducción con el positivismo del lingüista Steven Pinker subrayando que a pesar de la violencia que contemplamos y experimentamos en la actualidad “probablemente estamos viviendo los tiempos más pacíficos en la existencia de nuestra especie.” (Pinker, Mar., 2007). En respuesta a la reflexión hecha por Morin (1998) sobre la ceguera social, creo que una de las principales causas de nuestra ignorancia el día de hoy, por encima de la violencia, tienen que ver con un consumismo desenfrenado en todo sentido que ha convertido el mundo en “un enorme objeto de nuestro apetito” (Fromm, 1956:87). No está mal "Consumir", es una necesidad básica que tenemos las diferentes especies, cada una a su manera. La cuestión es qué tan sostenible está siendo ese consumo y cuál es la autoridad que tenemos sobre él. Eh aquí una de las diferencias entre ser esclavos en la máquina y ser conscientes en la vida.


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[1] Esta es la hora en que aún no hay certeza sobre cual realmente es el antepasado del hombre. Pero se deduce que es algunos de los homínidos africanos… El eslabón sigue perdido.

[2] Para demostrar cómo se revela la memoria colectiva vale la pena indicar que las siguientes reflexiones (Fromm y Morin), fueron identificadas luego del pensamiento que se manifestó en mi mente sobre "la real ignorancia" que nos agobia.

[3] El aprendizaje, la memoria, la emoción, el conocimiento y el pensamiento abstracto esencialmente. (Robinson, 2002)

[4] “Aristóteles es el primero entre los grandes psicólogos; es menos filósofo de la psicología que un psicólogo de la psicología.” (Robinson, 2002:16) 

[5] “Psicología es el estudio de aquellos poderes y procesos perceptuales, cognitivos y racionales mediante los cuales los organismos entran en relación con su entorno físico y social para lograr un fin que es determinado por sus respectivas naturalezas.” (Robinson, 2002:21) 

[6] Aristóteles se refiere así al concepto de felicidad: “La función del hombre es una cierta vida, […] y unas acciones razonables, […] y cada uno se realiza bien según su propia virtud; y […] resulta que el bien del hombre es una actividad del alma de acuerdo con la virtud, […] la mejor y más perfecta, y además en una vida entera.” (ARISTÓTELES, 1985: 142). Erich Fromm, hace una interpretación interesante del concepto en relación con el criterio orgánico: “[…] la felicidad y la infelicidad son expresiones del estado del organismo entero, de la personalidad total. La felicidad va unida a un aumento de la vitalidad, a la intensidad del sentimiento y del pensamiento y a la productividad; la infelicidad va unida a una disminución de estas capacidades y funciones.” (Fromm, 1953: 182). Sobre el placer y la felicidad Spinoza enfatiza: “La felicidad no es el premio de la virtud, sino la virtud misma; ni nos deleitamos en la felicidad porque refrenamos nuestras lujurias; sino, por el contrario, porque nos deleitamos en ella somos capaces de refrenarlas.” (citado por Fromm, 1953: 174)

[7] Aristóteles se refiere así a la malinterpretación del bien y la felicidad con el placer: “No es sin razón el que los hombres parecen entender el bien y la felicidad partiendo de los diferentes géneros de vida. Así el vulgo y los más groseros los identifican con el placer, y, por eso, aman la vida voluptuosa.” (ARISTÓTELES, 1985: 134).

[8] Asesor político que apoya a gobiernos regionales y de ciudad a desarrollar e implementar estrategias para el mejoramiento económico, político y de integración cultural con otros países (Anholt, 2015).

[9] Si han visto la famosa serie “House of cards”… la realidad supera la ficción.

[10] Hago referencia a casos en Colombia porque es el lugar donde aterricé.

[11] Venezuela, uno de los países hermanos, lastimosamente ha colapsado a causa de un régimen extractivo, nada pensante y sí muy mecánico. Lo interesante de un país como sistema viviente (entre otros) es que puede volver a renacer de sus cenizas como el ave fénix.

[12] Un valor poco común para la empresa que empieza a tomar relevancia en algunas organizaciones que se están evolucionando hacia el estado pensante.

[13] Ranking que resalta aquellas organizaciones alrededor del mundo que incentivan e implementan la innovación verde en pro de la conservación del planeta (WWF, 2015). 

[14] Ranking propiciado por Simon Anholt en Junio del 2014. 

[15] Ambos grupos están hacen parte del Índice de Sostenibilidad del Dow Jones (Dow Jones Sustainability Index-World) que monitorea el desempeño de compañías líderes en términos de sostenibilidad a nivel mundial (Argos, 2015). El grupo Sura recibió adicionalmente en enero del 2015 el reconocimiento Gold Class en sostenibilidad entregado por RobecoSAM (Grupo Sura, 2015) -también colaboradora en la gestión del Índice Dow Jones-. 

[16] El Modelo biopsicosocial revisa los estados de salud y enfermedad del ser humano desde una perspectiva biológica, psicológica y social.

[17] Asuntos del cuerpo y la mente tratados como entidades separadas (Engel, 1977).

[18] La segmentación hecha por Linneo y Buffon para diferenciar los organismos o especies que habitan el planeta podría integrarse en un reino social compuesto por las relaciones de los sistemas sociales vivientes.



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